Half Moon Cay, Bahamas: mi primera vez en el Caribe.

El 2 de febrero de 2013 partimos desde el puerto de Miami en crucero con rumbo a Las Bahamas.

Las Bahamas son un Estado independiente formado por más de 700 islas al Norte de Cuba y de la isla La Española (Haití y República Dominicana). Son también el tercer país más rico de América (en términos de renta per cápita, detrás de Estados Unidos y Canadá). Su economía depende mayoritariamente del turismo y los servicios bancarios.


Hay un gran número de pequeñas islas e islotes en Las Bahamas que son propiedad privada, ya sean de empresas o de algún millonario…. muy millonario.

El 3 de febrero de 2013 llegamos a la Isla Pequeño San Salvador, también conocida como Half Moon Cay. Ésta isla privada, propiedad de Holland America Line, está a 150 kilómetros al sudeste de Nassau y la utilizan algunas compañías de cruceros como puerto de escala.
Lo que hace diferente a éste puerto de cualquier otro es que se trata de una isla virgen. No hay población estable, y las únicas construcciones de la isla son: una capilla, una plaza con un par de negocios artesanales, un pequeño muelle, un bar y un buffet.


Para llegar a la isla, los pasajeros abordamos una embarcación chica desde el crucero, y ésta nos acerca hasta el muelle. 

 
Era bastante temprano por la mañana y había bastante viento, hasta hacía algo de frio. No era lo que tenía en mente. 
 
Pasando el muelle cruzamos un letrero de bienvenida y llegamos a una especia de plaza con un par de negocios de artesanías, y tomamos el camino hacia la playa, a pocos pasos.
 
Filas y filas de reposeras ocupaban metros y metros de playa. Todo es tan perfecto que seguramente había la cantidad exacta para poder ser ocupadas por cada pasajero. 
Luego de ponerse cómodo y esperar a que las nubes se dispersaran había llegado el momento de probar el agua.
 
 

Es indescriptible aquella agua del Caribe. Uno puede estar acostumbrado a ver ése color turquesa en propagandas, videos, películas, y podría pensar que se trata de filtros o trucos de fotografía para dale más atractivo, pero no es así!!
Es más, en vivo es incluso más lindo!

Parecía mentira que estuviera en un lugar tan paradísiaco. Lo mejor de ésto es que la arena no quema los pies, la marea es bastante tranquila, el agua no es fria (aunque en Grand Turk es aún mejor), pueden verse los peces de colores nadando a nuestros pies y no hay basura de ningún tipo! (ya está, me arruiné las vacaciones en la costa argentina para siempre).

Flotando en el agua había unos colchones inflables que se podían usar libremente, también unas colchonetas para jugar, y más. Si viajarán a algún lugar así no olviden llevar un equipo de snorkel porque sumergirse y nadar con los peces no tiene precio. (en serio, es gratis).

El resto de la mañana continuó de ésa forma: relajación total en la playa.

Ya al mediodía, caminando por la playa, encontramos un bar con música y fiesta (y estadounidenses tomando alcohol, sin importar la hora, ellos chupan todo el día) y también un par de cabañas para pasar el día en la playa que podían alquilarse por U$S15.

Si, argentinos leyeron bien: U$S15 cuesta un alquiler de cabaña en Las Bahamas! Menos de lo que cuesta una carpa en Mar del Plata. En fin, ya es sabido que los alquileres en la costa argentina son un robo.

El bar fiestero! 
Cabañas en alquiler, en la playa.


Hambre. ¿Dónde comer en una isla donde no hay nada? Claro que pensamos en buscar unos cocos y nutrirnos de éso al estilo Náufrago pero como aquí todo es perfecto éso no fue necesario.

Detrás de la playa hay un camino que lleva a un buffet al aire libre, en medio de palmeras, flores y arena. Hay canastas de fruta enormes, con fruta tropical. También una cocina donde un grupo de cocineros (del barco) prepara hamburguesas, sandwiches, y tartas. Para beber, también “gratis” (lo pongo entre comillas porque en realidad ésta comida está incluida en el precio del crucero como si fuese otra comida a bordo) hay limonada y agua. También hay galletitas de manteca y brownies.

El alcohol debe pagarse; lo cual me parece bien porque sino nos caeríamos todos por la borda (y entre la embriaguez de algunos pasajeros y el movimiento del barco todavía no entiendo cómo no se cayó nadie).

Hay un sendero de libre acceso que lleva a distintos puntos de la isla, pero no hay una sombra en ningún lado porque la vegetación es en su mayoría baja  y hacía bastante calor como para ponerse a caminar.

Había que regresar al barco a las 17.00. 
Antes de ésto recorrí los locales de artesanías, que no eran gran cosa, vi la pequeña capilla que había a un lado del camino, y me zambullí por última vez en el agua de las Bahamas. 

Aaaaah ésa agua! Que ganas de volver!


El regreso al barco fue la misma manera que para llegar a la isla: una embarcación pequeña que nos lleva hasta el crucero.


Fue un día podría decirse que perfecto. Exceptuando la parte donde me quemé y después me dolía bañarme. Parecía una langosta de lo colorado que estaba. Recomiendo que tengan en cuenta que el Sol en éstos lugares es un poco más fuerte que en Buenos Aires y no hagan la típica tontería adolescente de no usar protector solar. 


VIDEO:


Isla Pequeño San Salvador y la embarcación que nos acerca hasta el crucero.
Al día siguiente nos esperaba un día entero de navegación para llegar hasta Saint Thomas, en las Islas Vírgenes Estadounidenses. 
Gracias por leer! 
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